El Cine Arte  nació  donde hoy sigue estando,  en la cuadra peatonal de  Diagonal Norte entre la Plaza Lavalle y el Obelisco de la ciudad de Buenos Aires. El edificio fue diseñado para uso de oficinas y una sala de espectáculos en el subsuelo. A mediados de los años 60 su propietario, Juan Carlos Lamas un hombre vinculado desde siempre al cine tanto nacional como internacional, fundó con un grupo de amigos el Cine Arte por el placer de ver en un ámbito de camaradería las cintas que no siempre llegaban a las salas comerciales.

Así surgió una sala que se instalaría a lo largo de más de medio siglo y atravesando sucesivas circunstancias, como una referencia emblemática para la cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Desde finales de los sesenta, con auge en los setenta y ochenta, funcionó allí el icono que llevaba ese nombre simple y sintético, al que con cariño se le decía, a secas, “El Arte”.

Bajando una escalera se llega al primer subsuelo con paredes decoradas en mármol rosado donde un mural da la bienvenida a una segunda escalera que desciende al segundo subsuelo, donde se encuentran tres salas.

Este mismo lugar ha funcionado en el tiempo con diferentes nombres. Primero fue el Cine Arte, luego el Cine Hall desde el año 2007, el Cine Arteplex Centro, que cerró en 2013 y de 2014 hasta julio de 2019 el  Cine BAMA (Buenos Aires Mon Amour). Es decir fue lugar para performances de la vanguardia porteña, fue Teatro Arte, sala para cine condicionado y multicine.

De todas sus etapas, la más emblemática fue la de “El Arte”: elemento vital de la movida de la época, un lugar donde se podían ver los films que no se hallaban en otro lado, al que muchos espectadores llegaban solos pero seguramente encontraban algún conocido en el hall. Como otras salas del circuito -por mencionar algunas, Lorraine, Losuar y Loire, conocidas como “las 3 L”, instauraba un ritual que tenía su continuación en alguno de los bares de la zona céntrica de Buenos Aires.

En ese entonces era un cine mediano, de 500 butacas, asociado siempre al costado no mainstream , donde los jóvenes descubrían a Bergman, Pasolini, Buñuel y otros gigantes, fundamentalmente europeos. Había también shows y un corredor natural con el Instituto Di Tella desde donde llegaban presentaciones de Nacha Guevara o intervenciones  de sus plásticos. Se presentó allí en los setenta la Nebbia’s Band entre otros, dado que el espacio daba lugar a conciertos y en las trasnoches ofrecía jazz. Una de sus señas particulares es que se escuchaba con intensidad (ahora menor pero persite) el sonido del subte.

Luego en la etapa del cine condicionado surgió la división en tres salas y funcionó ante todo como “sala de cruce y revisión”, define el documentalista Hernán Gaffet. En el caso del Arte, uno de los romances fue con Tommy, la ópera rock de The Who, del director inglés Ken Russell (1975). También fue suceso el cine político italiano de los setenta, con títulos como La clase obrera va al paraíso, de Elio Petri, o Cristo se detuvo en Eboli, dirigida por Francesco Rosi.

Por aquella  sala por la que pasaron y dialogaron con el público Vittorio Gassman, Paul Newman, Luis Puenzo, Adolfo Aristarain, Juliette Mayniel, Carlos Sorin, Pino Solanas, Marco Bellocchio entre muchos otros. Algunos testimonios que recogen el espíritu del Cine Arte hablan de “salas llenas con películas como “Persona” de  Ingmar Bergman transformada en un hits porteño. También, la mala calidad de las copias --“faltaban pedazos, estaban rayadísimas”-, que al parecer poco importaba al lado del deleite. Era “otro planeta de consumos culturales”. Una Buenos Aires plagada de disquerías y librerías, con espectadores metiéndose de un cine a otro.  Un “refugio”  durante los años de plomo, “cuando las películas llegaban cortadas”, pero aún así se podían ver cine alternativo a la propuesta distractiva del  ámbito comercial.

En los ochenta el Arte tuvo “un segundo apogeo” de la mano de Octavio Fabiano, funcionó en el ’86, ’87 el Béla Lugosi Club, de cine bizarro y en cada etapa concentró y fue referencia de la Cinefilia.