“No exhiban nunca esta película. Si el público llega a verla, quedará convencido de  que los nazis son invencibles. Es una película que desmoraliza nuestro esfuerzo bélico”, dijo el presidente Franklin D. Roosevelt, apenas terminada la proyección privada de El Triunfo de la Voluntad, el extraordinario film propagandístico realizado por Leni Riefenstahl en 1934. Hitler la llamaba “mi perfecta mujer alemana”, tenía todos los atributos soñados por el regímen, una especie de superhombre en versión femenina: belleza y capacidad seductora, mezclada con un talento excepcional y una ambición arrolladora. Pero no eran tiempos de feminismo en esa sociedad de hombres, con una orgullosa historia de poderío marcial, por eso Leni Riefenstahl fue única, porque se introdujo como una cuña en el patriarcado del nazismo. Y salvo algunas arremetidas de acoso sexual por algunos jerarcas, especialmente del doctor  Goebbels, Riefenstahl  era vista como  una inteligencia poderosa, alguien capaz de competir con la super mente del mariscal Göring. Queda claro entonces, que con Riefenstahl no estamos ante la figura de un insignificante burócrata, como Hannah Arendt calificó al criminal Adolf Eichmann en su polémica teoría sobre  “la banalidad del mal”. Riefenstahl era de una personalidad compleja, provocativa, anti-jerárquica, con su cine documental fue el  principal propagandista del III Reich, sin embargo, nunca se afilió al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán,( tampoco Serguei Eisenstein lo hizo en el Partido Comunista) y también pidió, y le fue concedido, mantener en su equipo de trabajo a un operador judío.

Junto al extraordinario escultor Arno Breker, y el arquitecto Albert Speer, crearon, cada uno en su profesión, la fascinante estética del fascismo. Vivió 101 años, hizo casi todo lo que se propuso. Hasta supo mentir como una experta en los juicios de desnazificación, en el primero de ellos (diciembre de 1948) , el fallo decía que la cineasta” no hizo nada que excediera los límites del cumplimiento comercial de los encargos hechos a la artista, ajena a la propaganda del partido”. Luego, negó el holocausto, ¿acaso nadie le mostró el film de Alain Resnais Noche y Niebla (1956)? , y en su libro de Memorias (1987) habla de Hitler como un ser que amaba profundamente su Alemania  y que desde luego cometió errores.

A casi 70 años de finalizada la Segunda Guerra Mundial, su vida y su obra continúan en la más virulenta polémica, cuando se tocan el arte y la moral.  El director Steven Soderbergh, que había trabajado en el guión de un biopic sobre Riefenstahl con el escritor Scott Z. Burns, se dio cuenta que ningún estudio financiaría tal película. En 2007 se anunció que Jodie Foster interpretaría a Leni en una film con guión del británico Rupert Walterl, tampoco prosperó. La escritora e intelectual norteamericana Susan Sontag, escribió en 1975 un artículo en The New York Review of Books, titulado “El Fascismo Fascinante”, en el mismo dice que cualquier persona que defienda las películas de Leni Riefenstahl como documentales, es un ser ingenuo, porque no distingue el documental de la propaganda. Y dice esto porque tiene la certeza que “la realidad ha sido construída para servir a la imagen”. Para Sontag, en  El Triunfo de la Voluntad todo fue diseñado para la comodidad de las cámaras. No tuvo que pasar mucho tiempo para que David B. Hinton opinara  en otro artículo, Las Falsedades de Susan Sontag, de que nunca Albert Speer sacrificaría espacios de sus imponentes escenarios en pos de una filmación.

Sin embargo, Speer, durante los 20 años que pasó en la  prisión de Spandau,  escribió en su libro Recuerdos, que una de las solemnes sesiones del Congreso del Partido en 1935, salieron defectuosas en la filmación, y que Hitler a instancias de Leni hizo que se repitiera en los grandes platós de los estudios Berlin-Johannital. Cuenta, que él construyó una sección de la sala del congreso, el estrado y la tribuna del orador.

Diez años antes de esta polémica, iniciada por Sontag,  la propia Leni Riefenstahl fue entrevista por la prestigiosa revista francesa Cahiers du Cinema. Ella no negó que en sus documentales había propaganda, pero remarcó que era cine verité. “Todo lo que se ve es genuino.¿ Y saben por qué,? no hay comentario tendencioso, porque no hay comentarios. Es la historia, es la historia pura”.

Vale recordar, cuando Jean-Luc Godard dijo que un travelling era una cuestión de moral, haciendo cargo a los cineastas de la manipulación que se hace sobre el espectador, mostrándole cómo debe ver determinada acción. En 1961 el director francés Jacques Rivette, escribió un artículo en Cahiers du Cinema acusando de inmoral al director italiano Gillo Pontecorvo,  por una escena en la película Kapo, en el plano en que Emmanuelle Riva se suicida abalanzándose sobre la alambrada electrificada del campo de concentración. Y dice Rivette: aquel que decide en ese momento, hacer un travelling de aproximación para reencuadrar el cadáver en contrapicado, poniendo cuidado de inscribir exactamente la mano alzada en un ángulo de su encuadre final, ese individuo sólo merece el más profundo desprecio.

   Y Leni Riefenstahl , cuando filmó El Triunfo de la Voluntad, puso al servicio de un hombre, que ya en 1934 se perfilaba temible por su intolerancia, racismo, autoritarismo, etc.etc., todo el conocimiento técnico y el potencial ideológico que se podía obtener con una cámara.

  A tantos años de distancia puede uno preguntarse si esta genialidad propagandística es cine. Muchos grandes cineastas han quedado deslumbrados con sus películas  y la han admirado: Cocteau , Fassbinder, Coppola, y los directores de fotografía: Gregg Toland y Néstor Almendros, entre otros.

El  historiador y teórico cinematográfico Roman Gubern, dice que :” el caso Leni Riefenstahl plantea brutalmente y de modo radical la cuestión de la autonomía estética del arte, su autosuficiencia formal, más allá de sus eventuales perversos contenidos o sus propuestas éticas. Las mejores obras de la autora proclamarían así que la excelencia estética es una categoría aislable de la excelencia ideológica”.

En la historia del cine hay muchos ejemplos de lo señalado por Gubern, tal vez uno de los más significativos sea “El Nacimiento de una Nación”, de David W. Griffith, que tiene una descarada visión racista y esclavista, de fuerte ideología, pero de una extraordinaria calidad estética, empleando para ello una inusitada creatividad en el lenguaje cinematográfico, y esto, a sólo dos décadas  de nacido el cinematógrafo. 

LOS ARTISTAS Y EL PODER

Es un capítulo permanente en la historia de la humanidad, claro que no por ello es  frecuente la existencia de un Cicerón en cada época, para marcar los errores, aunque con ello se vaya la vida. Charles Chaplin en la secuencia final de El Gran Dictador (1940), lleva a su peluquero judío, idéntico a Hitler, a pronunciar un discurso de hermandad y dice: “La codicia ha envenenado el alma de los hombres”. Sin embargo, El Gran Dictador fue prohibida en varios países, y en la Argentina, recién permitieron exhibirla en 1945, cuando la guerra ya se había definido. La cobardía y el oportunismo, suelen estar a la orden del día, no oportunista pero sí oportuno fue Orson Welles cuando se refirió a las delaciones de los artistas ante el Comité de Actividades Norteamericanas: “Que un francés haya colaborado con la Gestapo para salvar la vida de su mujer es una cosa. Lo dramático de la izquierda americana es que traicionó a su gente para salvar sus piscinas”.

A partir de 1933, con la caída de la República de Weimar y el nombramiento de Hitler como Canciller, muchos hombres y mujeres del arte y las ciencias partieron hacia el exterior, dejando todo, pasado, presente y muchos un futuro que no pudieron recuperar.  Albert Einstein, Bertolt Brecht, Hannah Arendt, Marlene Dietrich, Vicki Baum, Fritz Lang (su esposa la guionista Thea von Harbour se quedó para servir al Partido Nazi), Stefan Zweig  (quien se suicida en Brasil en 1942) ,Thomas Mann, su hermano Heinrich, y su hijo Klaus, autor de Mefisto , obra publicada en Amsterdam en 1936, que relata la complicidad del actor Gustav Grundgens (amigo y amante de Klaus) con el nazismo, para convertirse en el principal actor de Alemania. Klaus Mann  termina suicidándose en 1949, con apenas 42 años. La lista es muy extensa, pero también ocupan  varias páginas negras los que se quedaron para colaborar, sin contemplar el grado de responsabilidad moral que debería tenerse cuando se imponen estos sistemas políticos.

Wilhelm Furtwangler (1886-1954), el extraordinario compositor y director de orquesta, que como pocos ha transmitido la grandeza épica de Wagner y Beethoven, es uno de los que vio partir a muchos de sus colegas. Fue acusado de tocar en el cumpleaños de Hitler y darle la mano a Goebbels. Esta comunión con el régimen le costó seis años de silencio obligado. El director húngaro Itsvan Szabó presentó en 2001, su realización Réquiem para una Imperio (Taking Sides) una estupenda película, que lamentablemente nunca fue estrenada en cines de la Argentina. El actor danés Stellan Skarsgard,  personifica a Furtwangler y Harvey Keitel, al militar norteamericano que  indagará y presionará al músico para realizar un informe sobre el  grado de culpabilidad del destacado músico. En el film, se ve una escena documental en que  Goebbels, el temible ministro de Propaganda felicita a Furtwangler después de un concierto, dándole la mano, y el músico apela a un pañuelo para limpiarse en forma disimulada. Furtwangler, nunca se afilió al Partido Nazi, tenía un profundo amor por su Alemania. Sin embargo, Herbert Von Karajan, que vendió más de 300 millones de discos en el mundo, se afilió al partido en 1935 y su carrera creció en forma meteórica, hasta que en Bayreuth, 1939, tuvo una equivocación que para Hitler fue imperdonable. Mientras dirigía la opera  Los Maestros Cantores de Nuremberg, de Richard Wagner, Karajan se perdió en la partitura y los cantantes se detuvieron. Era una función especial para los reyes de Yugoslavia.

El filósofo Martin Heidegger, quién influyó en toda la filosofía existencialista del siglo XX, se adhirió al Partido Nacionalsocialista, y lo apoyó intelectualmente en las universidades: hay decenas de conferencias del autor de El Ser y El Tiempo, donde da sus ideas sobre las virtudes del nuevo régimen político.

Arno Breker, fue al igual que Riefenstahl, un artista de primer nivel. Estudió en París y se hizo muy amigo de Jean Cocteau y Pablo Picasso. Cuando Hitler tomó el poder en 1933, regresa a Alemania y se pone a las órdenes del nuevo gobierno. Inmediatamente le construyen un taller donde trabajarían 1.000 personas, y no se escatima presupuesto para que reproduzca en  materiales inertes  la grandeza viva de la era naciente.  Hitler estaba fascinado con sus obras neoclásicas, donde se exaltaba la belleza masculina como en la antigua Grecia. El declatonista Gustav Stuhrk, fue convertido en el ideal de belleza del Tercer Reich. En agradecimiento, Hitler le regaló a Breker  un pequeño palacio. Se dice que salvó a Picasso de la Gestapo y consiguió que Jean Marais, el actor amante de Cocteau, no fuera deportado cuando Alemania invadió Francia.

En el juicio de desnazificación , terminada la guerra, fue declarado no contaminado. Durante la ocupación hizo un busto del general Eisenhower. Sus monumentos escultóricos creados bajo el nazismo fueron destruídos.

Richard Strauss , el compositor de El Caballero de la Rosa y Salomé, artista que hizo un aporte inmenso a la música sinfónica , ópera y canto del siglo XX, con la asunción de Hitler en 1933, fue nombrado presidente de la Cámara de la Música del III Reich, y aunque intentó evitar la censura de muchos autores judíos como Mahler y Debussy, fue también responsable de las leyes de prohibición a la música de compositores de ese origen. Dijo ser apolítico pero concurría a las fiestas nazis y de círculos de poder. Fue separado de su cargo cuando la Gestapo interceptó una carta enviada a su amigo, el escritor judío Stefan Zweig, diciendo: “¿Cree Ud. que yo me conduzco en todos mis actos pensando que soy alemán?. ¿Cree Ud. que Mozart era consciente de ser ario cuando componía?”. Sin embargo, en 1936 le fue encargado componer el Himno Olímpico e hizo también la interpretación en la apertura de los Juegos. En 1942 la abuela judía de su nuera es llevada a un campo de concentración, Strauss se dirige al lugar pero no le permiten la entrada. En 1945, escribió en su diario que había terminado “el reinado de doce años de bestialidad, ignorancia y destrucción de la cultura”.

LENI, UNA HIJA DE LA NATURALEZA

“Me crié entre árboles y arbustos”, dice Riefenstahl en sus Memorias. Cuenta que estudio piano, como toda joven de buena familia; que un asesino de niños en Berlín alcanzó a tomarla por el cuello y que se salvó milagrosamente. Que hasta los 21 no le permitieron salir con jóvenes,  al cine solamente iba con sus padres. Escribe que el padre era extremadamente autoritario, y su madre una esclava. Jugando al ajedrez con el papá, se atrevió hacerle jaque mate y le prohibió salir a una fiesta. Era muy buena en los deportes y amaba la danza. Tomaba lecciones a escondidas del padre, hasta que se enteró y la internó en un colegio.

A los 21 tuvo su primera experiencia sexual y fue horrible. Su escritor favorito: Balzac. Luego Tolstoi, Dostoiewski , London y Conan Doyle. También le encantaba la pintura, estaba cautivada por la obra de Franz Marc y sus caballos azules.

SU DEBUT CINEMATOGRÁFICO

Lo primero que hizo en cine fue escribir un guión sobre la vida de Van Gogh, una película que le hubiese gustado realizar.

El Monte del Destino era una película que Leni vio varias veces en una semana entera. Disfrutaba de esa fotografía de montañas, laderas y  nubes. Conoció al actor principal y luego al director , el Dr.Arnold  Fanck, quién acababa de fundar una compañía de cine de alpinismo. Fanck le escribió un guión para su nueva producción : El Monte Sagrado. En tiempo record aprendió a esquiar, y mucho más rápido a filmar. El Dr. Fanck tuvo que viajar a Berlín,  y ella se quedó haciendo tomas. El filme se estrenó en 1926 y fue un éxito rotundo. Fanck, que ya le había confesado su amor, le regaló un piano de cola para sus estudios de danza. Ella aceptó el piano, pero no a Fanck.

GANCE, REMARQUE, PABST, VON STERNBERG Y MARLENE

La joven Leni estaba fascinada con Abel Gance, un ser simpático, magnífico, que quería hacer una película con ella. Su Napoleón, era una de las mejores realizaciones hasta entonces. Gance había filmado escenas con tres cámaras y se proyectaban con tres proyectores. “Nuestra amistad sobrevivió incluso a la Segunda Guerra. En 1943, le envío una copia de Yo Acuso para que se le muestre a Hitler, Riefenstahl supo o intuyó que esta película pacifista, antibélica, podría enfurecer a Hitler, y no estaba dispuesta a poner la cara de esa manera.

Erich María Remarque, “un hombre extraordinario”. Lo conoció como periodista, todavía no era conocido como escritor. Riefenstahl,  se hizo amiga de su esposa. Remarque quería conocer al director Walter Ruttmann, hicieron una reunión en casa de Leni, y la esposa de Remarque enloqueció por Ruttmann y se fueron juntos para no volver.

Al año siguiente, Remarque publicó “Sin novedad en el frente (1928), un alegato antibelicista extraordinario, se vendieron 900 mil ejemplares en menos de un año. Dos años después, la película estadounidense, dirigida por  Lewis Milestone, ocasionó manifestaciones en contra, en el cine Mozart de Berlín  el Dr. Goebbels soltó ratones blancos en la sala.

Si bien el consagrado cineasta G.W. Pabst fue el primero en reconocer su talento para el cine, mientras Leni filmaba bajo su dirección  Prisioneros de la Montaña, Josep von Sternberg, le parecía un director de extraordinaria capacidad creativa. Al ver Los Muelles de Nueva York (1928), narrando una historia que transcurre en menos de un día y con sólo tres escenarios, confirmó su grandeza y fue en su búsqueda. El no sabía nada de esta joven actriz, pero congeniaron rápidamente. Riefenstahl lo ayudó en muchas tomas de decisiones para su nueva película, El Angel Azul (1930), una de ellas, fue apoyar la elección de Marlene Dietrich para el papel de Lola Lola, sin embargo, Marlene no quería que Leni fuera al estudio cuando ella filmaba, la veía como una competencia en la conquista de von Sternberg. No era para menos, Riefenstahl llamaba a Sternberg Jo, y él  le decía Du-Du,  y varias veces le propuso llevársela a América. Pero la que viajó a América fue Marlene.

La correspondencia entre ambos no cesó en los años posteriores, cuenta Riefenstahl que Sternberg le había dicho que le gustaría filmar en Alemania, que Hitler era un fenómeno, pero que  lamentaba su antisemitismo (Sternberg era judío).

LA LUZ AZUL. SU DEBUT COMO REALIZADORA

El Acorazado Potemkin de Serguei Eisenstein, la eclipsó, las posiciones de cámara, el montaje, los ritmos diferentes, nunca había visto un cine artístico que le calara tan hondo.

Estaba muy entusiasmada con su nuevo proyecto como productora, directora, y actriz principal: La Luz Azul. Consiguió que el prestigioso Bela Balazs trabajará en el guión junto a ella. Vendió sus pulseras y anillos , consiguió que los laboratorios Agfa, le dieran materiales vírgenes. Hizo un arreglo económico con operadores y actores. Su estrategia era filmar unos cientos de metros de película, y con ellos ir a visitar productoras. El plan resultó, financiarían la película. Se estreno en Berlín en 1932, con éxito de crítica y de público. Ganó el segundo premio en mejor película en la Bienal de Venecia. Recibió cartas de Chaplin y Douglas Fairbanks felicitándola.

HITLER ENTRA EN SU VIDA

Cuenta Riefenstahl, que cuando empezó a oír sobre Hitler el país tenía 6 millones de desocupados, y se hablaba de él como la gran esperanza. En 1932 en el Palacio de los Deportes de Berlín, Hitler  pronunció uno de sus eufóricos discursos. Riefenstahl estaba allí:“Actuó sobre mí de un modo fascinante. Todos sucumbían ante el magnetismo de aquel hombre” relata en sus Memorias.

No demoró en escribirle una carta: “Mi deseo es conocerlo personalmente”. El ayudante de Hitler que la pasó a buscar, le contó que lo más bello que su líder había visto en el cine ,era su danza a orillas del mar en El Monte Sagrado.

A partir del primer encuentro, todas las puertas del hombre más poderoso de Alemania estuvieron abiertas para Leni Riefenstahl: la Cancillería del Reich,  su casa de Munich,  la residencia de Berghof , desde donde divisaba a Austria y soñaba con unirla a Alemania. También ella abrió para él las puertas de su casa, del estudio y la sala de montaje

En esas charlas intimaron como viejos amigos. Por boca del propio Hitler supo - cuenta Riefenstahl. – que  la única mujer  que amo de verdad era su sobrina Geli, con quien se hubiera casado  (Geli se suicidó en casa de Hitler, luego de encontrar una carta de amor de Eva Braun). También descubrió que tenía un maestro, y este no era Julio César o Napoleón, sino el filósofo Schopenhauer.

EL TRIUNFO DE LA VOLUNTAD

Hitler quería que ella dirigiera esta película, rechazó de plano la idea de utilizar a  los realizadores del partido, su búsqueda iba por algo diferente en lo estético, pero con un sentido popular.”Quiero un documento artístico”, le habría dicho.

Riefenstahl, ya tenía todo en su mente, las enseñanzas que le había dejado el cine de  Eisenstein con  los encuadres, y del Napoleón de Abel Gance, con el empleo de cámaras móviles, eran sustanciales para el tipo de film dinámico que quería realizar. Hasta puso cámaras en un asta de bandera de 38 metros de altura. Y el orador, su Hitler no podía estar estático cuando el discurso. Instaló carriles circulares alrededor de la tribuna del orador. Se filmaron 130 mil metros y tenía que seleccionar 3 mil. Se estrenó en marzo de 1935 en el Palacio de la UFA, cuando terminó la proyección Hitler la felicitó, y poco después ganó el Premio Nacional de Cinematografía.

La repercusión en Europa de El Triunfo de la Voluntad fue sorprendente. En la Exposición Internacional de París recibió la Medalla de Oro como documental, ante un público enfervorizado .Von Sternberg , vio la película en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y le escribió : “Nena, esa película pasará a la historia del cine”.  Mussolini la invitó a Roma, convencido de los efectos de los documentales, quería que la directora alemana hiciera un documental sobre las Lagunas Pontinas, zona de marisma en la región del Lazio.

Dado que El Triunfo de la Voluntad, no incluyó imágenes de la Wehrmacht, seguidamente tuvo que hacer una película de corta duración sobre los ejercicios del ejército. Se tituló El día de la libertad, y recibió el saludo de la cúpula de generales, y Hitler le regaló por esta labor un reloj de porcelana de Sajonia, con juego de campanillas eléctricas.

OLIMPÍADA: SU OBRA MAESTRA

Confiesa Riefenstahl que a Hitler no le entusiasmaba la idea de los Juegos Olímpicos que se iban a desarrollar en Alemania. ”No tenemos ninguna oportunidad de ganar medallas. Los americanos obtendrán el mayor número de victorias y los negros serán sus estrellas”, enfatizó su Fuhrer.

Aparentemente, la realizadora alemana recibió la invitación del secretario general del Comité Organizador para los XI Juegos , para hacer una película donde se filmara una gran carrera de antorchas, iniciada en la antigua Olimpia de Grecia y terminara en Berlín , recorriendo casi toda Europa.

Cuenta Riefenstahl, que mientras recibía el encargo, por su cabeza  aparecieron las antiguas ruinas, los templos, las esculturas helénicas, Aquiles, Afrodita, Medusa,  y Zeus, Apolo y Paris y por último el Discóbolo de Mirón, que se transformaba en un ser de carne y hueso, y ya lo veía  en movimiento retardado  balancear el disco. También soñó que las estatuas se convertían en danzarinas y que las espesas nubes se abrían para dejar paso a la luz.

Cuando le contó el proyecto estético al ministro  de Propaganda, su acosador sexual el doctor Goebbels, éste le dijo que era un disparate pensar en un documental en dos partes y que recién llegaría al público dos años después. “Es ridículo que alguien se interese en una película después de unos días de finalizados los Juegos”, concluyó.

Los Juegos comenzaron el primer día de agosto de 1936, 30 cámaras y 60 operadores se encargarían de la inauguración. El himno fue compuesto por Richard Strauss, otro de los artistas que eligieron quedarse. Riefenstahl había decidido que la película sería en blanco y negro, dado que todavía el color no había llegado a su nivel óptimo. Para las tomas desde  altura “vistas de pájaro”, del estadio, se hicieron  pruebas con un globo . Para la regata de remos de Grünau, se construyó una pasarela de más de 100 metros sobre rieles, para filmar el momento más emotivo, el trayecto final hasta la meta.

La carrera de maratón era la más importante de todas las pruebas, 12 operadores cubrieron los 42 kms. de distancia, y lo filmado se convirtió en uno de los puntos culminantes de la película.

Cuando se realizó la competencia de saltos, no se pudo filmar bien por la falta de luz. En unos días recrearon  todo de nuevo, como si fuera la competencia real. Para las pruebas de Decatlón tampoco se pudieron filmar las escenas nocturnas de los 1.500 metros , porque los objetivos no tenía suficiente luminosidad. Para esto recibió la ayuda del atleta norteamericanos Glenn Morris, que fue el campeón de Decatlón, y su nuevo amor. Ella quiso casarse con Morris, pero el atleta después de vivir un fogoso romance con la realizadora, volvió a su país.

Del ministerio de Goebbels le llegó la orden de que los participantes negros no debían mostrarse con frecuencia, también estaban en esas directivas la de despedir del equipo de filmación a los que no estén casados con personas arias. “Me quejé a Hitler- dice Riefenstahl- y pasé a depender de Rudolf Hess”.

El atleta negro Jesse Owens fue el gran ganador: 4 medallas de oro y dos record mundiales. Hitler, rehusó estrecharle la mano.

Se filmaron 400 mil metros de película, de esos se seleccionaron 100 mil y al final se aprovecharon 6 mil. Una tarea de cuatro meses, mirando y archivando material. Faltaba montarla, ponerle sonido y comentarla. En 1937 terminó con el montaje de la primera parte, titulada Olimpia: Fiesta de los Pueblos. Faltaban los trabajos de sincronización y locución (aún no había cintas magnetofónicas), para oír el sonido había que revelar primero el negativo de la película sonora, y del negativo revelado hacer un positivo de sonido. Tampoco se podían borrar las tomas defectuosas .

Cuando Olimpia quedó terminada, Hitler estaba eufórico y feliz por la anexión de Austria en marzo de 1938. Riefenstahl para seguir ganando espacio en la vida emocional de su Fuhrer, le propone estrenar la película el 20 de abril, día de su cumpleaños.Terminada la proyección, en la premiere, , Hitler se le acerca y le dice : “Ha creado Ud. una obra maestra, por la cual el mundo le está agradecido”.

La película recibió el Premio Nacional de Cine. Y Riefenstahl se lanzó a una gira por toda Europa, con la película bajo el brazo, para promocionar mucho más que un film y su persona: el nuevo estado alemán, el III Reich.

En París hubo rumores de boicotear la película, pero el público no cesó de aplaudir. Lo mismo sucedió en Bélgica, con la presencia de Leopoldo III, en Dinamarca con sus reyes y ministros, en Suecia , recibida por Gustavo V Adolfo, Finlandia, Noruega. En la Bienal de Venecia obtuvo el León de Oro, venciendo a Blancanieves, la película animada de Disney, El Muelle de las Brumas de Marcel Carné y la británica Pigmalión del director Anthony Asquith.

RIEFENSTAHL EN NORTEAMERICA

Apenas puso un pie en suelo americano,  Riefenstahl que se creía la conquistadora del mundo, como su líder, cometió su primer gran error: mentir. “Esto no es verdad”, dijo cuando la prensa le preguntó qué opinaba sobre la quema de sinagogas y tiendas judías, y de los asesinatos  raciales, y religiosos. La liga antinazi en Estados Unidos ya era muy poderosa, y se puso en funcionamiento  tratando de impedir que realizadores y actores tomaran contacto con la enviada de Hitler. La película tuvo una función para la prensa y gustó mucho, pero no tuvo distribuidor para América. Gary Cooper que tenía agendada una reunión con la directora, tuvo un viaje repentino y suspendió el encuentro. No obstante, el director King Vidor la llevó a pasear por Nueva York y visitar el mayor cine de América, el Radio City Music Hall, con capacidad para 6 mil personas. En Detroit fue recibida por el millonario Henry Ford, quien le manifestó su simpatía por Alemania y su admiración por el Fuhrer. En Los Angeles, compartió un día entero con Walt Disney en sus estudios, y le ofreció ver Olimpia, cuyas copias tenía en el hotel donde se hospedaba. Según Riefenstahl, Disney le respondió: “Si veo esas películas, mañana lo sabrá todo Hollywood, mis proyeccionistas están organizados sindicalmente”. Se dice, que tiempo después Walt Disney fue obligado a dar una explicación por esta visita en sus estudios. Para Riefenstahl, Disney era un verdadero genio.

LA GUERRA

En 1939, Alemania invade Polonia. Riefenstahl viaja al frente, y esta mujer de la grandiosidad y la estética ve cuerpos masacrados con odio por los alemanes y los polacos. Ella se siente muy cerca de Albert Speer, quien es nombrado ministro de Defensa. El gran arquitecto soñaba en una reconstrucción de Berlín en tan solo 15 años (ciudad que a Hitler le parecía muy fea, a diferencia de París, la más bella). Para ello quería que Riefenstahl filmara un documental con  los croquis y maquetas que había hecho.

En 1944 se casa con Peter Jacob, y tiene el último encuentro  con Adolf Hitler , cuenta en sus Memorias que ya hacía bastante tiempo el líder de Alemania lo había decepcionado. La muerte de su hermano de 38 años en el frente ruso, había influido mucho en el pensamiento contra la jerarquía nazi.

La última película que filmó antes del fin de la guerra fue Tierra Baja, sobre una opereta de Eugen dAlbert , que tuvo algunas escenas realizadas en España, pero la victoria aliada impidió su conclusión. Recién pudo ser estrenada en 1954 en Stuttgart, después de 20 años de idas y vueltas. Jean Cocteau, amigo de Leni Riefenstahl, al ser designado presidente del Jurado del Festival de Cine de Cannes, pidió la película para hacerla participar en la competencia oficial, pero las autoridades de la República Federal Alemana consideraron que esta presentación sería inapropiado. No obstante, Cocteau la incluyó en la muestra fuera de concurso. 

ULTIMOS AÑOS

Transcurridos los años de desnazificación, donde tuvo interrogatorios por las fuerzas norteamericanas y luego de las francesas,  y la confiscación de sus bienes, la inquieta Leni Riefenstahl no se iba a desmoralizar. Leyendo “Las verdes colinas de Africa” de Ernest Hemingway, sintió que la misma   fascinación del escritor norteamericano por el continente negro se le metió en el cuerpo. Y ahí comenzó una nueva  etapa creativa, la de la fotografía. La tribu del Sudán meridional,  de los nubas, la atrajo fundamentalmente por su estilizada belleza, y se quedó a vivir con ellos por 20 años, haciendo un registro fotográfico memorable que fue llevado al libro, Last of de Nuba (1960). Por este trabajo, también hubo voces acusatorias, entre ellas la de Susan Sontag,  por haber elegido una tribu pura, sin contaminación, de una estética sobresaliente, lo que definiría aún más su espíritu fascista. Su última pasión fue el océano. Su primer buceo fue a los 71 años en el Océano Indico, a los 94 años hizo buceo en la Isla del Coco y tomó fotos de tiburones. Fotografió los corales de las costas de Kenia, Indonesia, el Caribe, el Mar Rojo y en las Maldivas. En 1978 publicó Coral Gardens y en 1990 Maravillas bajo el agua. En 2002 volvió al cine con un documental titulado “Impresiones Submarinas”. A los 97 años viajó a Sudán para investigar el destino de los Nuba y llevarles ayuda, ya que estaban aislados por las guerras civiles. Muchos de sus amados Nuba habían sido víctimas de la guerra. El helicóptero que la trasladaba se estrelló, y tuvo varias fracturas. Sus reportajes fotográficos fueron publicados en las principales revistas del mundo: Paris Match, The Sun, Newsweek, Stern, y otros. Tuvo exposiciones fotográficas en Tokio, Roma. Milán, Munich, Berlín. Mick Jagger adoraba sus películas y se fotografiaba junto a ella.  Seguía siendo una mujer notable.

LA NAUSEA O MAS ALLA DEL BIEN Y DEL MAL

Un talento especial para la danza, excelente actriz, genial realizadora, fotógrafa de primer nivel, con estos atributos, Leni Riefenstahl podría haber sido un orgullo para la humanidad toda. En todas las entrevistas que dio a partir de la década del 50, defendió su posición diciendo que era “una artista”, que no tenía partido ni ideología, y por supuesto que no sabía de las atrocidades que se estaban cometiendo.            ¿ Realmente no habrá comprendido los acontecimientos históricos y políticos que vivió? .Qué habrá pensado Leni Riefenstahl cuando el 10 de mayo de 1933, apenas a tres meses que Hitler asumía el poder, los bomberos rociaban con petróleo montañas de libros en la plaza de la Opera en Berlín y les prendían fuego. En los siguientes once días se sucedieron 30 hogueras. Los estudiantes hitleristas bajaban miles de  libros de los camiones, y una voz gritaba el nombre del autor: Marx, Heinrich Mann, Sigmund Freud, Stefan Zweig, Emil Ludwig…¿ Qué habrá pensado Leni Riefenstahl de la famosa noche de los cristales rotos, en noviembre de 1938? . O cuando se prohibió la exhibición de miles de pinturas catalogadas como “arte degenerado”, Klee, Kandinsky, Kokoschka, Grosz, Beckmann, abstractos, modernos, todo aquel arte que no se ajustaba al realismo heroico o el romántico.  En sus Memorias apunta que se indignó cuando en 1942 vio que los judios tenían que llevar una cruz amarilla o que Hitler tratara de infrahumanos a los rusos. Increíble conclusión, cuando ya habían pasado diez años de salvaje persecución.

La historia emite sus juicios, y siempre está a favor del arte, de la estética, de la belleza, de la emoción. Seguramente hoy lamentamos que las obras de Arno Becker se hayan destruído al fin de la guerra, y agradecemos que las obras de Leni Riefenstahl sean un patrimonio cultural , como lo es :  El Nacimiento de una Nación, de Griffith, la poesía de Ezra Pound, Viaje al fin de la noche, de Louis-Ferdinand Céline, y  El Ser y el Tiempo, de Heidegger. Resulta interesante y gratificante, que Karl Marx disfrutara con las obras de Balzac y Lenin con las de Tolstoi, y como un Scorsese o Coopola, que están muy alejados del fascismo en todas sus formas,  admiraran  el cine de  Leni Rieffenstahl. Miremos en Olimpia, el Discóbolo de Mirón y oigamos la caída del disco en el suelo. Los pasos de los corredores por la hierba fresca y húmeda. El respirar de los caballos y sus ojos inquietos, y el fondo sonoro que dan los miles de espectadores que victorean a los vencedores. Ella se aprovechó del mito, de las creencias de una cultura ancestral. Y el mito, suele estar más allá del bien y del mal.

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