Sinopsis

España, 1936. El célebre escritor Miguel de Unamuno decide apoyar públicamente la sublevación militar. Inmediatamente es destituido por el gobierno republicano como rector de la Universidad de Salamanca. Mientras, el general Franco consigue sumar sus tropas al frente sublevado e inicia una exitosa campaña.

103 min

Director: Alejandro Amenábar

Reparto: Karra Elejalde, Eduard Fernández, Santi Prego, Patricia López Arnaiz, Inma Cuevas

País: España

Año: 2019

Galería de imágenes

Se ha hablado mucho de Mientras dure la guerra. Sobre todo, y como ya es costumbre, por nadie que haya visto la película. Su argumento -Unamuno en la Guerra Civil- ha generado amenazas de la Plataforma Millán Astray, tweets en contra de diputados y llamadas al boicot. Todo, por supuesto, antes de que se estrenase en cines. El viernes pasado llegó el día, y por fin se puede hablar de la obra en sí, que es de lo que debería de ir esto. Y hay motivos para ponerse en contra de ella, aunque sea por unos muy diferentes a los de Juan Carlos Girauta.

Lo último de Alejandro Amenábar no se puede descartar simplemente por tratar la Guerra Civil o por sus fallos históricos, pero tampoco por ser equidistante en sí misma como se le ha achacado también. No es verdad que trate a los dos bandos por igual. Lo que se cuenta en Mientras dure la guerra es la represión de los golpistas en Salamanca, cada vez más dura a medida que se asentaba el conflicto. No aparece ni un soldado republicano en todo el filme, pese a que el guion se empeñe -una y otra vez- en poner en boca de algún personaje que los republicanos están cometiendo los mismos crímenes que los nacionales. La violencia que vemos en pantalla es franquista, y darle una representación, recrearla, es ya una toma de posición. La imagen, elegir qué está en plano, nunca es neutral.

En lo que el director de Tesis patina para caer de culo es en su manera de proponer una «tercera vía» alternativa e inofensiva a las dos Españas.  

Sin entrar a valorar la legitimidad ideológica de defender un camino alejado de unos y otros para llevar la reflexión hasta nuestros días, Amenábar se equivoca en la forma de expresar ese mensaje a nivel cinematográfico. Aunque pueda parecer valiente el ponerlo sobre la mesa a través de las contradicciones y vivencias de un pensador como Unamuno, lo que hace Amenábar es más bien cobarde. Primero, por intelectualizar su posición con muchas palabras y no a través de las imágenes (por ejemplo, con las conversaciones que mantiene el escritor y su amigo Salvador Vila, el alma republicana de la película) y, segundo, por dramatizarla a medida que Unamuno «despierta» y hay que llegar al clímax del famoso episodio en el paraninfo de la Universidad.

El resultado es que la teoría se queda a un nivel superficial como acercamiento a la filosofía de Unamuno y la parte dramática del Miguel persona no conecta porque no se ha creado la intimidad necesaria a lo largo del metraje (unos cuantos sueños-flashbacks tampoco lo arreglan). Amenábar lleva su inocente tercera vía incluso a su forma de hacer cine, y toma la inútil carretera del medio. Es cierto que era complicado hacerlo bien porque hay distintas explicaciones a lo que hizo Unamuno en aquellos turbulentos meses del 36, pero la forma de expresarlo de Mientras dure la guerra es estéril en las dos lecturas.